Diciembre 2016

Haikus destacados por los participantes del foro
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Barbarroja
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Diciembre 2016

Mensaje por Barbarroja » 14/Ene/2017 01:14

Queridos compañeros;

Antes de comenzar con mi selección, me gustaría resaltar la calidad de vuestras aportaciones en este mes de Diciembre. Elegir y descartar entre tantos buenos haikus se ha convertido en un penoso ejercicio; cada uno de vuestros haikus se merecería por derecho propio un lugar en mi lista. Así pues, quiero destacar aquí que la selección que os dejo aquí no deja de ser una muestra -que ha pasado el filtro de lo personal- de todo un gran conjunto, donde cada haiku brilla por cuenta propia. Gracias y enhorabuenas a todos compañeros. Es un placer leeros y ver como entre tanto buen haiku, es la realidad la que cobra verdadero protagonismo.



Recién enjuagadas,
se sacude las manos
en las macetas


Raijo

Con qué naturalidad expresa este haiku esa humanidad que envuelve al gesto. Con un sencillo y aparentemente trivial gesto, hábilmente atrapado en unas pocas palabras, este haiku es capaz de convocar todo lo que un hombre es y ha llegado a ser justo hasta ese preciso instante en el que se sacude las manos. Nada de lo ocurrido antes importa, nada que venga después importa. Todo su ser está ahí, en unas manos mojadas que apenas consiguen humedecer la tierra seca de una maceta. Pero esas manos conocen la bendición que es el agua para la tierra, y saben que esa aridez termina dejando a la tierra yerma.



alba de invierno...
al fondo de las cuadras
cocean los potros


Hikari

Esa frontera entre lo interior-limitado de las cuadras y lo exterior-ilimitado del invierno es el marco, el soporte que sostiene toda la riqueza sensitiva de este haiku: el olor a zotal, a orín y alfalfa, de la cuadra; esa tenue claridad de una fría mañana de invierno; el sonido seco, duro e intermitente de las coces rompiendo el silencio; la respiración húmeda, caliente y entrecortada de los potros…Tiene este haiku el acierto de meternos de lleno en un microcosmos preñado de una realidad que aturde y a la par emociona.



Fuente seca,
de su caño oxidado
salen avispas


José Luis Vicent

Este haiku es para mi una clara muestra de como la sencillez, en lo formal y en lo esencial, casa a la perfección con el espíritu del haiku-dô. Solo tres elementos -la fuente seca, el caño oxidado y las avispas- son necesarios para apuntalar ese pellizco que siente el alma ante esta hermosa estampa de la existencia.



Quitando hierbas,
el vaho del anciano
entre las tumbas


Mavi

Es éste un haiku extraordinario. En él se reúnen para entrar en contacto la vida y la muerte; la primera se expresa en ese ”quitar hierbas” del anciano y en el vaho húmedo y caliente que exhala en cada respiración. La muerte enmarca el lugar donde transcurre y se desarrolla la acción: el cementerio. Tiene yugên, ese misterio que se percibe cuando somos capaces de ver en la profundidad de las cosas.



Arroyo de montaña:
en un remanso giran
agujas de pino


Gorka

Lo que me gusta de este haiku es la serenidad que transmite a través de la evocación del movimiento. Podemos imaginar cómo esas agujas descienden raudas por la superficie del arroyo hasta llegar a ese remanso, donde súbitamente se ven frenadas en su movimiento de descenso. Es su inercia lo que ocasiona que todo esa energía en movimiento torne ahora en ese lento y armonioso girar sobre ellas mismas. El aware también puede ser como en este caso pura conmoción ante el movimiento de las cosas.



El toro bebe
la lluvia de un charco
Noche otoñal


Jose Luis Vicent

Así imagino este haiku: el toro, a campo abierto, lejos de esa bravura estereotipada a la que tan acostumbrados estamos, se muestra apacible y sosegado. La lluvia descarga sobre su lomo robusto, negro y poderoso. El agua chorrea por sus flancos hasta alcanzar la tierra. Ignoro por qué, pero imagino una oscuridad plena, donde la negrura del toro se funde en una noche de otoño sin luna. Lo que impresiona al haijin y lo conmueve es ese “beberse la lluvia”, que apunta a esa unidad inquebrantable que existe entre animal y naturaleza: ¿es el toro el que bebe la lluvia o es la lluvia la que se está “bebiendo” al toro?



la gata acecha
el rodar de un madroño…
puesta de sol


Mercedes Pérez

Una tensión contenida está a punto de liberarse. Los dos polos de este haiku, la gata que espera agazapada y el libre rodar del madroño por el suelo, están a punto de colisionar de manera inminente. Es un sistema inestable que encuentra su contrapunto perfecto en esa puesta de sol: imperturbable y perpetua.



Río turbio…
En la niebla comienza
a entrar la luz


Gorka Arellano

Este haiku es una de esas delicias que gusta de leerse y releerse una y otra vez. Inmersos en la niebla, en la humedad que rezuma un río de aguas turbias, somos testigos de como la luz se abre paso a través de tanta turbiedad. No hay más, no es necesario nada más para impresionar la sensibilidad del alma humana: basta esa luz penetrando en lo recóndito.



Pegada a un leño,
se chamusca la muda
de una culebra


Mavi

Sentimos el calor de la lumbre en nuestra piel, al tiempo que nos llega el olor que saca el fuego a la lenta combustión de la madera. De repente, surge ese otro olor acre, tan distinto, característico de los tejidos orgánicos cuando se queman. Sabemos la inclinación de los ojos para dejarse cautivar por el incesante hechizo del fuego, pero al alcanzar las llamas ese viejo trozo de piel muerta no podemos dejar de abrir aún más los ojos para contemplar cómo se consume ese trozo de algo que fue vida. Al mismo tiempo el oído se presta con agudeza a captar esa rapidísima y leve crepitación de una piel fina y reseca. Todo a la vez y en un mismo momento. ¿A qué huele la piel mudada de una culebra cuando se quema? ¿Cómo se oye y cómo se ve ese rápido crepitar? Todas estas evocaciones me despierta este maravilloso haiku.

Publicado parcialmente en Facebook: https://www.facebook.com/16948595507365 ... =3&theater
Vivir en la miseria
el agua fluye.

Taneda Santôka

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