Selección de febrero 2018 por Ariel Bartolini "ariel.b"

Haikus destacados por los participantes del foro
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Selección de febrero 2018 por Ariel Bartolini "ariel.b"

Mensaje por Equipo de administración » 10/Mar/2018 10:50

Selección de Ariel. Gracias, compañero _/\_


Amigos, me hace feliz devolver con una mínima contribución todo lo que la comunidad del Rincón brinda en cada intercambio, en cada publicación, en los aportes que se cruzan como auténticos caminos abiertos al compartir. Esta es mi apretada síntesis de 7, entre los muchos haikus de febrero que leí y releí con interés, aprendiendo cada vez de ellos. En estos siete he intentado apuntar aquello que despertó en mi su lectura; sin otra intención que poner en común el eco de estas sílabas en mi silenciosa revererencia.
Gracias administradores del Rincón, por todo lo que recibimos y por este espacio fecundo que crearon sostienen y por el que caminamos juntos.


ariel.b

SELECCIÓN DE FEBRERO



Hikari

Al alba vuelven
las barcas sardineras.
Bruma invernal


Cautivan mis sentidos los ejes espaciales de este registro: las barcas que vuelven desde la bruma de invierno, aparecen a la visión en forma lenta, en la gradualidad de la bruma. Esa morosidad de la visión enseguida documenta la temporalidad en el cuerpo: es invierno, toda percepción se da en el contexto del frío del alba brumosa, allí la gradualidad de la bruma se hace más morosa. En la primera línea un doble juego espacial : “Al alba” comparte una apertura en expansión : la luz se expande y afirma, alumbra progresivamente, desde el resplandor a la luz. Pero enseguida “vuelven” nos envía en un retorno hacia la noche, de donde precisamente proceden esas barcas. En una sola línea el espacio constituido por un rumbo náutico y un rumbo planetario se hilvanan para aunar ante los sentidos la noche y el día. El día como inminencia, la noche como alusión. Luego, una progresión en la segunda línea nos interna de lo general (barcas) a lo peculiar (sardineras) Y luego del kire del punto, se reabre en la tercera una tensión desde lo particular (esa mañana de bruma) a lo general estacional (-kigo- el invierno) donde suceden los hechos.
Esa modulación del espacio, secuencialmente pasando de lo específico a lo general, de lo expansivo a lo aludido, me ha dejado en honda contemplación y no he salido fácilmente de la hipnosis de esta escena. La languidez de la luz, las largas estelas de las barcas, los vuelos hambrientos de las gaviotas circulares, los graznidos, todo avanzando desde la bruma/noche al alba, en la inmediata sensación de lo invernal.
Extraordinario haiku de lo sagrado revelado aquí como palpitación del espacio ante los ojos del haijin y los nuestros.



Kaur

flores de manzanilla
en la mano que tiembla
en el delantal


Un deleite de levedades captadas y transmitiendo un aware sagrado y a la vez milimétrico, cifrado en el temblor de una mano. Una mano entre dos materialidades : un ramo de flores de manzanilla y el delantal. La mano que tiembla sostiene el ramo, tiemblan por ende las flores también. Lo firme es el delantal, en tanto materia en la construcción de un hogar. Ese delantal es la investidura por la que el vigor y la firmeza del pulso se consagraron y ofrendaron su vitalidad. Y la vitalidad de las manzanillas cortadas, de la inminente infusión del té al que serán ofrendadas es un eco de la mano que tiembla, ambas, la mano y las flores ofrecen el sentido de una entrega vital : la vejez del temblor; las flores cortadas de su tallo. Ambas tiemblan sobre el delantal, ante la mirada del haijin que se compadece ante la belleza efímera de un mundo íntimo.



Hikari

Sol de invierno.
Tintinea en los mástiles
la tramontana.


Un segundo ejemplo de la sensorialidad de Hikari respecto a lo sagrado como registro de palpitaciones espaciales en el haiku: Primera línea con amplísima escala: un elemento cósmico “sol” referido a su percepción estacional, bajo y difuminado, poco intenso “de invierno”. Dos trazos de gran inmensidad: el sol y el invierno, espacialmente indeterminados e inconmensurables, dan lugar tras el kire del punto a un suceso sonoro de lo insignificante, que testimonia una dimensión espacial mínima : “tintinea”. Del sol y el invierno al tintinear : dos polos que generan la chispa del haiku. “En los mástiles” reabre de lo puntual del contacto de dos materiales que provoca el tintineo a una multiplicidad de elementos que hacen de lo singular algo polifónico “los mástiles” : aquí está toda la bahía poblada de un puerto náutico. El cielo soleado de invierno brillando en las varas de aluminio acompasadas al viento que genera el tintineo. Y en seguida del registro locativo del invierno soleado en un puerto náutico, somos devueltos a la inmensidad fría del viento “la tramontana”, y en su propio nombre la alusión : viene de más allá de la montaña, nos tensiona sensorial y contemplativamente con lo aludido y no visto : el espacio más allá de lo percibido.
Del sol al invierno. A un tintinear, a los palos balanceándose en un puerto, enfríandose al viento, nominalmente de “un espacio más allá de las montañas”. Lo sagrado, retratado en un estado palpitante del espacio, destilado de la más objetiva percepción y el más lacónico registro.
Maravilloso.



marga

Primeros brotes.
El fresco olor del barro
tras la tormenta.


En este haiku me han atrapado los tres planos de percepción : el visual percibiendo los brotes tempranos; el olfato registrando el olor fresco del barro; y una convergencia polisemia ambiental de lo que ya no sucede, indicado por la expresión "tras" la tormenta. La tormenta es aludida, ya ha sucedido pero aún podemos estar ante ella en el olor de la tierra y en la germinación de los brotes. La primera línea propone la expresión “primeros brotes” como un locativo espacial y tras el kire del punto nos confronta con el núcleo del aware : el profundo olor del barro aùn fresco y su potencia de aludir la grandes de una tormenta, ya sucedida. Puede ese olor a tierra húmeda causar en nuestra posición de lectores la percepción de una tormenta ya pasada? : si ! Esa es para mí lectura, la gran fuerza del haiku, que construye su transmisión con el olfato de un estado pasajero: la humedad del suelo. La tormenta ya sucedió, el barro del aware será tierra en instantes, los brotes la ocultarán luego al crecer. La captación de la potencia de lo efímero atrajo mi atención a este oloroso y fresco haiku.



Piluca C.P.

Adelfas en flor -
El humo del crematorio
hacia el mar


Me interesaron los polos poderosos de esta escena insignificante : unas flores y el viento llevando humo. Nada. Y en el mirar cultivado de la haijin empiezan a descubrirse de este simple fenómeno la vitalidad de las “adelfas en flor”, y tras el kire guionado contrastan con lo fúnebre “el humo del crematorio”, finalmente llevado por el viento “hacia el mar”. Lo local y sedentario de las adelfas contrastan a su vez con lo extendido e inasible del humo en el viento. El propio viento –protagonista innombrado- que trae en el olor la certeza lúgubre de la cremación de los muertos se vitaliza con la energía del mar.



Raijo

Anochecer:
la anciana arranca un leño
de la montonera


En este haiku el lector queda ante una captación de correspondencias y rupturas : se corresponden la ancianidad y el anochecer : el fin de la vida y el fin de un día. Corresponden a estas culminaciones los leños amontonados, ya cortados, esperando al fuego. Y el núcleo del aware es la ruptura de estas vitalidades apagándose : el gesto de la anciana que “arranca un leño”, irrumpe con un testimonio de vigor no tomando, sino arrancando un leño ya cortado y parte de la montonera. Poco cabe pensar si ese brazo acelera la combustión del leño o lo sonsaca del destino del montón : es el vigor del gesto, soberano, lo que cautiva al haijin y al lector. Todo sucede en el espacio de un haiku : un mero gesto de un instante, un anciana y un montón de leña : el ojo descubre los hilos de lo sagrado tras lo insignificante.



Mary Vidal

Poza rocosa.
Centellean los colores
de una anémona


Bellas disonancias conforman una cautivante espacialidad en la inmensa orilla patagónica. La aquiesencia de una poza, el peso de las rocas, la amplitud dada por la bajante. Y en el retiro del mar, en esa composición de extensiones, un centelleo, el parpadeo irisdiscente de una anémna asombrándonoas con su contrapunto ante lo incomensurable, el hecho del aware.
Hay también una disonancia de consistencias en lo captado : la poza, configurada en la bajante. La materialidad rocosa. El centelleante parpadeo. La corporeidad cautivante de la anémona. Tan amplias las materias de este haiku, merecieron un arduo trabajo de pulido de Mary, llevado por fin al punto exacto que permite estar junto a la haijin y descubrir en el texto una sinfonía de sentidos abriendo para los lectores la riqueza de su registro.


Selección parcialmente publicada en ERDH-face: https://www.facebook.com/ERDH.haiku/pho ... 2680014646
Un cordial saludo a todos los usuari@s y visitantes de ERDH.

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