Octubre 2008

Haikus destacados por los participantes del foro
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Palmira
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Octubre 2008

Mensaje por Palmira » 07/Nov/2008 19:21

Tras conocer el resultado del III concurso de haiku de la Universidad Castilla-La Mancha, todavía tengo más clara la importancia que estos foros tienen para el cultivo del haiku y su evolución. No sólo mejoran los haikus que aparecen en los foros, sino también los que se fraguan en el interior de cada cual. Este mes, como viene sucediendo continuamente, creo que las aportaciones tienen un alto nivel, pero como no puedo mencionarlas todas, escojo algunas que me parecen espléndidas.

después del trueno
la quietud del lago
salpicada


Me parece un haiku precioso, que invita a la meditación, por la presencia sutil de la lluvia, no nombrada.

santo de madera
le han hecho un manto
las arañas


Curiosa historia llena de matices. Algo tan natural como una telaraña, a Santiago le parece una vestidura hecha a propósito para el santo. Es un haiku lleno de magia y misterio.

Los pensamientos.
Un bichito ha dejado
huevos en fila


Aquí la haijin, tan observadora, contempla el rastro de los huevecitos que anuncian la vida que late invisible en cualquier parte.

Charco en el huerto
Sobresale la mitad
de una naranja


Esta imagen, tan bien captada por Vicent, es muy típica de estas tierras. Sin embargo lo de menos es que sea una naranja. Podría ser un fruto de otras latitudes. Lo que llama la atención es que el fruto dé la medida de la lluvia caída y que su brillo compita con el del agua.

Del suelo al techo
por el cornijal,
una salamanquesa


Una vez aclarado lo del cornijal, elijo este haiku porque nos habla del movimiento, tantas veces observado, de la salamanquesa huyendo hacia el techo. No importa si busca la luz o se esconde, lo que importa es que alguien la está mirando y en ese instante sólo existe para ambos ese otro ser desconocido.

Limpias las tumbas,
un extraño
une su silencio al nuestro


En estas fechas muchos limpian las tumbas de sus difuntos. Es algo que comparten, porque todos tienen algo en común: la pérdida. Y ese silencio del que nos habla el haiku es algo que une más que cualquier palabra. Parece que no sólo une a los vivos, sino a quienes no están.


Clarea el sendero;
aún queda niebla
en los hierbajos.


Es una imagen minimalista, porque la hierba, tan frágil y breve, es capaz de retener la niebla, como si se tratase de un gran bosque. En lo pequeño está lo grande.

Está ondulando
el reflejo en el lago
del árbol seco.


Bella combinación de lo seco y lo húmedo, de la quietud y el movimiento.

trozos de luna
entre las hojas quietas
de las higueras.


Aquí los protagonistas no son los trozos de luna, para mí, sino las hojas quietas entre las que brilla la luna. Parece que esas hojas compartan y trasmitan la quietud de la luna. Esas hojas oscuras y ásperas, resplandecen de pronto. De la luna sólo tenemos los fragmentos que las hojas nos dejan ver.

con el alba
todos los grillos
se han callado


Este haiku tiene el encanto de la naturalidad. Con la luz, los grillos callan. Además, de pronto la palabra “grillos” combina perfectamente con “callan”, por su sonido.
En lugar de hablar del canto de los grillos, presenciamos un alba silenciosa en la que, de pronto, echamos de menos ese canto.

luna menguante -
una cobija más
sobre la colcha


El frío de la noche, muy bien sugerido por la luna menguante y por esa cobija que, de pronto, se vuelve imprescindible. Hay unos versos de un poeta chino que dicen: "Colcha de seda, no puede con el frío de madrugada"
y este haiku me ha hecho recordarlos.

en silencio
preparando leña
para el invierno


Este haiku tiene sabor a ritual. Parece que los gestos de quien prepara la leña anuncian la austeridad y el silencio del invierno.

Habitación:
el olor del enfermo
y las begonias.


Aquí el contraste es delicado y terrible a la vez. La presencia del enfermo queda patente en su olor, un olor que destaca sobre las frágiles flores que apenas huelen.
La enfermedad tiene una realidad mucho más intensa y terrible que la belleza, pero ambas armonizan perfectamente en este instante.

Falda del monte
El sol de la mañana
en el ternero


No sé por qué pero el hecho de que en este haiku estén presentes el ternero y la falda (algo tan maternal, aunque se trate de una montaña) le da un toque de ternura tremendo. Además, para que la imagen sea completa, se añade la calidez del sol. Es la propia naturaleza quien, maternalmente, acuna al ternero.

Muchas gracias a todos por seguir compartiendo estos instantes.

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