"El haiku de lo sagrado. ¿Especie en peligro de extinción?" de José Luis Vicent (Artículo completo)

Preguntas y discusiones sobre haikus concretos o sobre la teorí­a del haiku en general
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"El haiku de lo sagrado. ¿Especie en peligro de extinción?" de José Luis Vicent (Artículo completo)

Mensaje por Equipo de administración » 06/Abr/2018 21:11

La vida es una serie de cambios naturales
y espontáneos. No te resistas a ellos —solo crea dolor.
Deja que la realidad sea la realidad.

La vuelta al Origen es el silencio."

Lao Tse

El haiku de lo sagrado.
¿Especie en peligro de extinción?


por José Luis Vicent (HELA nº30.1, junio 2016)


A modo de introducción

La noción de “lo sagrado” en el haiku nos llegó por vez primera a través de la obra de Vicente Haya, El corazón del haiku: La expresión de lo sagrado, tesis doctoral en la que exploraba las raíces de una forma poética que en la actualidad conocemos como haiku. La concepción de “lo sagrado” que alberga el haiku oculto en su interior y que apenas deja entrever —se nos explica en ese mismo texto— es anterior a la constitución de las religiones oficiales japonesas. Su procedencia pertenece a una primitiva religiosidad sin ritos ni cuerpo doctrinal establecido que se hizo poesía en el Man-yôshû. Y que el objeto de esa primitiva poesía es ya lo numinoso, tanto o más que cualquiera de los textos sagrados utilizados por las grandes religiones.
Es importante, a mi modo de entender, una aclaración somera respecto a la clasificación del haiku en sus distintas variedades. Según la tipología japonesa que atiende más a una clasificación de corte cosmológico, centrado principalmente en la palabra de estación (kigo), habría que ver en qué subdivisión posible se pueden enmarcar los distintos haikus. Utilizando como referencia el texto del niponólogo Fernando Rodríguez-Izquierdo (2005), autor de la primera tesis doctoral sobre el haiku realizada en España, tendríamos los siguientes apartados:

1) la estación (el calor o el frío; brevedad o longitud del día);
2) el cielo y sus elementos: tenmon (fenómenos atmosféricos, estrellas…);
3) campos y montañas: chiri (ríos, el mar, montes, campos…);
4) templos: kami-hotoke (dioses y budas; festivales, peregrinaciones…);
5) asuntos humanos: jinji (cambio de ropa, pesca, cultivos, fuegos artificiales…);
6) pájaros y animales: doobutsu;
7) árboles y flores: shokubutsu (todo tipo de vegetales, incluso hongos).

Los haiku que no encajasen dentro de esta clasificación (versos de felicitación o de descripción de lugares famosos) forman una categoría aparte: miscelánea zatsu.

Vicente Haya (2002) ha propuesto en su tesis una tentativa e innovadora clasificación que estaría más en consonancia con la idea del haiku en la actualidad, pues al traspasar las fronteras de Japón precisaba de una forma de explicar de manera más pedagógica y cercana lo que son el haiku y sus contenidos, sin pretensión de invalidar la tradicional tipología japonesa. La composición de esta nueva clasificación obedece más a una atención por lo psicológico-espiritual combinando para ello —según Haya— criterios literarios y gnoseológicos. Puede que, en mi opinión, sea esta una de las propuestas más innovadoras y desconocidas respecto a otros críticos occidentales en materia de haiku, así como su profundo conocimiento sobre el tema “de lo sagrado” que nos aporta en dicha obra.
Según esta novedosa clasificación, los haikus pertenecerían —aunque reconociendo en ocasiones ciertas dificultades— a la siguiente tipología:

1 ) haiku de tono intimista (el poeta hace algún tipo de confesión personal);
2 ) de Compasión Universal (ligado a la cultura budista y no obstante una rareza en la sociedad nipona);
3 ) feísta (que trata de lo habitualmente considerado como repugnante, como sucio);
4 ) cruel (es la respuesta taoísta al haiku de Compasión Universal cultivado por los budistas);
5 ) filosófico (dejar en el haiku —en vez de mostrar lo que sucede fuera de nosotros— nuestro pensamiento, nuestras reflexiones);
6 ) meramente descriptivo (el que no ha sido motivado por un aware sino por una curiosidad, sorpresa o anécdota);
7 ) de lo sagrado (esa fuerza que sostiene desde dentro la realidad, que la anima, que la hace pujar en la existencia. Lo sagrado como energeia);
8 ) proselitista (responde a la intención de introducir alguno de los elementos rituales de una práctica espiritual en una escena natural);
Y en mucha menor cuantía, dentro de la producción en Japón, estarían los haikus: 1) cómicos; 2) amorosos; 3) eróticos; 4) de difícil clasificación.

Todo esto sin contar esas otras formas poéticas de expresión en 17 sílabas como son el senryû (no solo lo sarcástico, lo ingenioso, lo obsceno, sino lo que está dominado mayormente por la intencionalidad del poeta a diferencia del haiku, en donde el poeta deja que la realidad le mande) y el zappai (frente al haiku o el senryû, que ocurren ante los ojos del poeta, el zappai es una ocurrencia de la mente del poeta).
Explicar detenidamente cada uno de estos tipos de haiku sería una labor enjundiosa que no entraría dentro de los límites de este trabajo, pero cuya consulta y estudio yo recomendaría encarecidamente a los nuevos —y a los no tan nuevos— lectores y estudiosos de la obra de Vicente Haya.

Bien, como se podrá apreciar en dicha clasificación, existen diversas modalidades que obedecen a la práctica habitual del arte de componer haiku en japonés. Y este subgénero de haiku designado aquí como “de lo sagrado” no resultará ser, ni mucho menos, de los más cultivados entre los poetas occidentales, quienes al parecer experimentan en mayor medida con otros subgéneros. Cierto es que incluso en Japón se están introduciendo nuevas formas de composición más próximas al denominado “haiku urbano”, senryû, y así mismo haikus con marcado estilo poético occidental; es decir, a la inclusión tanto de figuras retóricas o tropos como de elementos y temas ajenos al ámbito de la Naturaleza y del haiku tradicional. Observo no obstante en cualquier colección de las que ha reunido el profesor Haya como antólogo y traductor que suelen incluirse algunas muestras de haiku que no pertenecen por entero al subgénero de “lo sagrado”, si bien este último es el que más ha destacado en su obra. El motivo tiene que ver, según aprecio, por razones de carácter más bien pedagógico, ya que su interés principal no es otro que el de fundamentar la importancia y la estimación de este subgénero dentro y frente a la perspectiva general de los otros tipos de haiku. Recordemos que esta clase de poesía primitiva (canción waka) que registraba los asombros (entiéndase conmoción por lo existente) más elementales de la sensibilidad japonesa vienen compilados en el Man-yôshû. Y que esas poesías han sido la base, la tierra primigenia —digámoslo así— que ha sustentado a el resto de la producción del haiku en sus distintas etapas históricas hasta llegar a Bashô, Buson, Onitsura, Issa... y finalmente Shiki, el gran renovador del haiku y padre del término tal y como hoy lo conocemos.
Pero hay que escuchar a Vicente Haya cuando dice que “nadie duda de que el haiku sea un esfuerzo por simplificar esta impresión del poeta del Man-yôshû, pero la intención artística es la misma, el sentimiento que mueve al poeta es el mismo y el objeto al que dedica su poesía es el mismo. La transformación de una estrofa de 31 sílabas en una de 17 es un proceso natural por comunicar lo esencia, proceso que es propio del alma japonesa y que no precisaba de la participación del zen ni siquiera como catalizador. Desde los orígenes de la cultura nipona se da un mismo patrón (que no es extraño en otras culturas): 1) aparición de lo espontáneo, 2) posterior amaneramiento de la expresión primera, y 3) destrucción de lo poéticamente anquilosado y vuelta a nuevos esquemas más frescos. El haiku pertenece a la tercera fase de una propuesta estética que tiene en el Man-yôshû su primera fase y en el Kokinshû su segunda etapa”. (Haya, 2005). Y en tal afirmación uno no puede dejar de apreciar un evidente avance retroprogresivo, no tanto en la forma de cultivar el haiku sino también en una manifiesta tendencia y actitud hacia la preservación de toda especie viviente; a proteger lo mejor y más auténtico de este mundo que nos sostiene y cobija; y no, como algunos podrían llegar a pensar, a un afán por retornar a determinados caracteres de un haiku más bien arcaico.


Una cierta distinción del término naturaleza

En el conocimiento y ejecución del haiku suele anteponerse, no obstante, la importancia de la Naturaleza y la importancia de sus ciclos o estaciones (kigo); de unas determinadas propiedades intrínsecas y formales como el corte o cesura (kire y/o kireji); el número correcto de sílabas (moras); y posteriormente —uno mismo, al echar un vistazo en Internet se da cuenta de ello— una muestra de haikus expuestos que incumplen parte de estos u otros “requisitos” (inclusión de rimas, metáforas, fantasías y figuraciones, sentencias, aforismos, epigramas…) cuando no, mayormente, el de la propia ausencia de la naturaleza (estaciones de ferrocarril, metro, automóviles, supermercados, salas de espera, garajes, hospitales, etc.). Esto lo vemos a diario en muchos haikus escritos tanto fuera de Japón como al parecer también entre los propios japoneses. Es fácil apelar a la importancia de “la naturaleza” para, acto seguido, ver prácticamente desmentido tal elemento como quien no quiere la cosa… Ejemplos de esto último se comprueban casi a diario no solo en las definiciones al uso aportadas por concursos y talleres, sino también en numerosas ediciones en formato libro.

Todos somos conscientes de que el haiku “de lo sagrado” no solo se origina sino que permanece arraigado, involucrado, en la Naturaleza. Somos Vida. No podemos huir de ella. La Vida no es un Ideal; no tiene más fin que Sí misma. No puede ser objeto de ningún credo, porque lo más evidente y directo no precisa ser objeto de fe. Tampoco requiere cultos ni estratagemas mentales que demanden nuestra atención. El único “ritual” sería aquel que celebra la Vida y al hacerlo nos permitiese, humana e imperfectamente, comprenderla. Pero la Vida es ya constante celebración de Sí misma, de tal modo que el simple vuelo de un ave es sagrado si se sabe ver en él una expresión de la Vida; una brizna de hierba también lo es porque su esencia es inmortal. Desde este punto de vista, habría que decir así mismo que no es más sagrado un templo que la intimidad de nuestro hogar o determinadas acciones humanas como comer, beber, vestirnos, secarnos… (como nos ha mostrado poetas como Santôka); siempre y cuando se perciba o se vislumbre que todo ello son espacios del único Espacio en el que todo acontece: la Vida.

En occidente y en la historia del pensamiento, el término “naturaleza” fue diferenciado mediante un doble significado. Uno sería el designado tradicionalmente como la expresión Natura naturans: la Naturaleza como Principio que sostiene el mundo y como la Ley única de la que todas las leyes naturales particulares son expresión. Y el otro significado, el de natura naturata: la naturaleza visible, lo que de ordinario llamamos naturaleza. (Para distinguirlos utilizaremos “Naturaleza” y “naturaleza” respectivamente). Pero para el japonés “lo sagrado” es el propio mundo en su desenvolvimiento y manifestación. Esto sagrado no es para el poeta de haiku el misterio del mundo ni la belleza que muestra en ocasiones, ni la manifestación de su poder, sino el mundo, el mundo en sí mismo. Sentir lo sagrado en la Naturaleza no es una peculiaridad caracteriológica con la que nacen algunos individuos privilegiados, digamos, sino una posibilidad de desarrollo personal que puede alcanzar cualquier ser humano aquí y ahora. Sucede que, en occidente, lo que se siente no resulta epistemológicamente hablando un buen cimiento de la verdad; pero es que para un japonés son precisamente los sentidos quienes le aportan un saber objetivo, frente a lo subjetivo que es precisamente lo intelectualizado, lo racional. La verdad es lo que se siente. Y “lo sagrado” es lo real. No hay vuelta de hoja.
La explicación aportada por Haya es concluyente: “Sólo si “lo sagrado japonés” es básicamente y ante todo energeia (en el sentido aportado por Rudolf Otto en Lo santo: “Energía entendida como lo que acosa, activa, domina, vive, sin un momento de descanso y sin residuo inerte”) se explicará todo el espectro de situaciones en las que el poeta japonés de haiku se siente en presencia de “eso” (2002). “Eso”, esa realidad sagrada, es decir, una Naturaleza en esencia creadora y destructora de cuanto existe. Y como interpretación aclarará que el concepto de “lo sagrado” con el que se está operando en Japón llegó importado de China mediante un pensamiento filosófico impregnado de taoísmo, que fue el responsable último de la aparición del Shinto como corpus organizado de creencias. De ahí que la poesía del Man-yôshû esté repleta de poesías que centran su exquisita sensibilidad hacia la Naturaleza; una Naturaleza incontaminada de ninguna huella humana, y por tanto receptáculo de “lo sagrado”.

Desde este punto de vista —nos advierte Haya— es primordial que sepamos diferenciar en el haiku “de lo sagrado”, tanto en japonés como en castellano, lo que son meras instantáneas tomadas en la naturaleza (en el sentido de natura naturata), de lo que es un haiku que surge del discurrir del tiempo en ella. Porque lo que “ha sido visto” no puede compararse en autenticidad, con “a donde he sido llevado por mis sentidos”. Pues el objetivo no era ver sino verlo todo. Todo al mismo tiempo mientras está teniendo lugar. No es cuestión de mirar, sino de contemplar, de sentir intensamente. De estar. De perderse en la contemplación; no en el objeto aislado, puesto que ello sería como errar el tiro. La finalidad no es otra que estar atento al conjunto de cosas que se están produciendo al mismo tiempo, porque es cuando la conjunción de todos los elementos que intervienen tiene lugar, cuando se logra la conmoción más insondable. Será por tanto esa red invisible tejida por los seres con su mera existencia (aquella Natura naturans) y no los seres en sí, lo que ha de hechizar no solo a nuestros sentidos sino a nuestra atenta emoción.

“Lo sagrado” tal vez sea para nosotros y nosotras que tratamos con las enseñanzas del Maestro Haya, aquello que tiene lugar cuando el ser y la palabra que lo nombra, acontecen en el haiku fuera de toda significación añadida. En el haiku “de lo sagrado”, la palabra poética no significa nada que no esté dado en su propia manifestación de la realidad como un hecho de lenguaje. Dicho lenguaje no es sino el propio aware o asombro por lo existente y por cómo “eso” que acontece en el mundo de la Naturaleza deviene palabra desde la conciencia. Es como llevar una experiencia muda hacia la expresión pura de su sentido dejando paso a la relación originaria entre el sujeto y el objeto; ya que en términos humanos lo real hay que desvelarlo y describirlo, no puede ser construido. Se trataría de hallar una especie de complicidad antepredicativa o prerreflexiva con el mundo y con nosotros mismos. Tal complicidad estaría presente en la descripción pura y simple de la experiencia vivida e inmediata. Quiere ello decir que procedería retrotraerse, más allá del discurso, al modo como las cosas se ofrecen ellas mismas cuando la conciencia se depura de todos sus prejuicios. Procedería, por tanto, recuperar la experiencia original, la relación íntima, total, entre sujeto y objeto. Por eso el haiku —y más aún el haiku “de lo sagrado”— refleja la acción del mundo como si el observador no existiese. Es la Natura expresándose a sí misma. Y el caso es que, finalmente, esta manera de entender y ejercitar el haiku a través de la vía de los cinco sentidos es una aproximación a la mística. Sucede que para captar directamente las cosas mismas hay que realizar previamente una serie de reducciones o depuraciones en el lenguaje. La creación del silencio a través del lenguaje —al decir de Haya— exige desnudar a este de los significados que la tradición le ha ido concediendo. Esa desnudez de significados, ese silencio, ha de generar una cierta tensión de apertura y no por el contrario un cierre a modo de conquista del sentido. La realidad permanece abierta para que el mundo sea ante nuestros ojos la evidencia de la Realidad y no su velo; porque si atendiésemos a los significados caeríamos irremediablemente en la trampa de atender a la manifestación meramente visible o externa de “algo” (natura naturata) y no el “algo” que ahí se manifiesta (Natura naturans); pues esa naturaleza visible sería como el rostro y no quien en dicho rostro se revela; sería solo apariencia y no esencia.

El silencio al que hemos de apelar en esta modalidad del “haiku de lo sagrado” no es equivalente al mutismo. No es un silencio que excluya a las palabras por sí, sino al ruido que determinadas palabras producen en nosotros y en el haiku cuando nos identificamos con ellas. El Silencio es siempre el Origen, fuente de todo cuanto existe; pero así mismo fuente de nuestras palabras y pensamientos. Esa cualidad del silencio al que apelamos significa ir a la raíz de las palabras. Atender no a ellas mismas sino al silencio mismo del que surgen; permitir que el estado de atención sin identificación nos inspire palabras nuevas, es decir, originarias; porque cuando proceden del silencio, cuando surgen de ese silencio de instante en instante, son siempre nuevas puesto que proceden del Origen.

Para finalizar este breve e intenso recorrido por la obra de quien nos ha mostrado la excelencia de esta característica del haiku denominada de “lo sagrado”, me gustaría que se reconociese no solo la preponderancia de este tipo de haiku sino la tremenda importancia que supone su permanencia y cultivo tanto en Japón como en el resto de los países. Y ello por cuanto que este tipo de “haiku de lo sagrado” perteneciente al asombro del hombre en la Naturaleza —según la virtud y la sensibilidad de los japoneses—, sea, casi con toda probabilidad, el responsable del prestigio del género en el mundo entero. “Que el haiku deba su prestigio nacional e internacional al reflejo de “lo sagrado” en él no quiere decir que no puedan y deban escribirse toda otra serie de haikus que acaban de dibujar el mural de las emociones del ser humano…” (Haya, 2013).
Desde mi más profundo respeto y admiración por cuanto todo ello representa para quienes cultivamos y amamos el haiku en general y aún más el de “lo sagrado” en particular, no permitamos que finalmente suceda lo que le aconteció recientemente a determinada especie —única— de galápago, cuyos conservadores y guardas le pusieron de nombre Solitario George.


* * *





Nota del autor: La bibliografía citada se refiere exclusivamente a los textos de mayor contenido e interés teórico aquí utilizados. Dichos textos (aunque existan otros más) han servido para dar a conocer en mayor o menos medida, en este artículo, el denominado “haiku de lo sagrado”. El resto de las obras, tanto de Vicente Haya como de Fernando Rodríguez-Izquierdo que pertenecen a ediciones de antologías y traducciones, las podrá hallar el lector en buen número buscándolas en Internet.

El haiku japonés. Historia y traducción. Fernando Rodríguez-Izquierdo. Ediciones Hiperión (poesía Hiperión), 2005 (5ª).
El corazón del haiku: La expresión de lo sagrado. Vicente Haya Segovia. Mandala Ediciones (Alquitara), 2002.
Haiku: la vía de los sentidos. Vicente Haya. Diputación de Valencia. Institució Alfons el Magnánim; Colecc. Novatores, 2005.
Aware. Iniciación al haiku japonés. Vicente Haya. Editorial Kairós, 2013.

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Re: "El haiku de lo sagrado. ¿Especie en peligro de extinción?" de José Luis Vicent (Artículo completo)

Mensaje por Hikari » 25/May/2018 17:38

Muchas gracias J.L., magnífico artículo. Sigo aprendiendo, me lo guardo para releerlo de vez en cuando.

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Re: "El haiku de lo sagrado. ¿Especie en peligro de extinción?" de José Luis Vicent (Artículo completo)

Mensaje por JL.Vicent » 29/May/2018 10:42

Gracias a ti, Hikari, por tu apreciación. Me alegro que este resumen te haya aportado algún valor.

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Re: "El haiku de lo sagrado. ¿Especie en peligro de extinción?" de José Luis Vicent (Artículo completo)

Mensaje por ariel.b » 29/Jul/2018 04:20

lleno de sustancia, JL, siempre brindar sustancia, caminos de profundidad en la experiencia es muy generoso, y en este caso, luminoso y lleno de aperturas a seguir mar adentro. tengo aún tibios los apuntes tomados del curso que brindó el Maestro Haya en Buenos Aires hace pocos días, y leyendo tu artículo la brasa crepita y se enciende otra vez.
gracias por brindárnoslo.
finalmente, cedo a una pregunta : aún en el recorte de lo compartido en ERDH se mantiene tu reflexión acerca del riesgo de la extinción de "lo sagrado" en el haiku, o es un comentario que responde a una mirada más sobre la época ?
Abrazo

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JL.Vicent
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Re: "El haiku de lo sagrado. ¿Especie en peligro de extinción?" de José Luis Vicent (Artículo completo)

Mensaje por JL.Vicent » 30/Jul/2018 12:20

ariel.b, gracias por tu visita y por el comentario a mi resumen de lo que el Maestro Haya ha ido trasmitiéndonos a quienes seguimos con interés el Haiku-dô y no tanto las restantes modalidades del haiku japonés. Solo el haiku bien entendido puede albergar lo sagrado en su interior incluso sin necesidad de buscarlo conscientemente. Es cuestión de sinceridad y de verdad; de búsqueda interior y de armonización con la naturaleza en sentido no estético sino vital; no, qué lindo paisaje y puesta de sol con esas flores al fondo, no; sino ¡qué impresionante y maravilloso que algo exista! sin saber por qué ni para qué. Sin preguntas. Las preguntas son para los científicos y también para quienes desean hacerse chichones contra los muros del lenguaje...
La extinción del haiku como vía espiritual no es posible mientras queden personas que sintonicen con la maravilla que es este mundo; el peligro no es tanto del tipo de haiku que uno elija; sino de uno mism@; del compromiso de cada quien con dicha búsqueda y con lo auténtico; con el silencio y la extinción de un yo que pertenece a lo que se denomina "experiencia acumulada" y que en definitiva es responsable de nuestra ceguera habitual para descubrir lo nuevo y original de cada momento.

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