Del dolor y la esperanza ( reflexiones sobre un haiku de Eva Comas )

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Konstantin Dimitrov
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Del dolor y la esperanza ( reflexiones sobre un haiku de Eva Comas )

Mensaje por Konstantin Dimitrov » 11/Abr/2007 14:39

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en la farola
las flores de plástico
descoloridas














De aquí en adelante, el día 10 de abril de 2007 será memorable para nosotros, porque es el día cuando vino a posarse en los jardines del Rincón este modesto pajarito. Y a pesar de la falta de pretensiones, el impacto de esta nueva presencia, por lo menos para mi, fue profundo y, diría, transformador. Porque un haiku así, que viene directamente del cielo, es como la vida misma, no sólo, como es evidente, por su contenido, sino porque es un haiku que irrumpe inesperadamente para alterar un orden que, para bien ó para mal, inevitablemente llega a establecerse en cada comunidad, incluída la menos comunidad de ellas, la poética.

Dentro de lo que podría decir, lo primero que impacta en este haiku es el hecho de que un elemento tan llevado y traído en el haiku como es la farola, pueda llegar a ser el escenario de una historia humana de tal magnitud dramática. Pero no nos adelantemos: para poder acercarnos a las profundidades de este haiku, suguiero que antes ralenticemos la percepción varias decenas de veces: quizá así podríamos entrever que no sólo la naturaleza de los elementos que lo componen, sino también el orden en el que se revelan a la percepción es un componente básico de esa mezcla dinamitadora que, como veremos, llega a sacar a la superficie lo más profundo del corazón del lector.

El haiku empieza de forma traicionadamente banal...y el ojo del experiementado lector de haiku, curtido por tanta farola, ciruelo, puente, rama, fuente, estanque, etc., se acomoda por un reflejo automatizado, esperando que aparezca la casi inevitable sombra, ó luna llena encima, ó algun gato, ó, en una variante más cursi, una pareja de enamorados, etc...; para finalmente llegar a la ingeniosa e estimulante combinación de elementos que hace del haiku un género tan atractivo. Pero, después de la conocidísima imágen, allí llega la primera sorpresa, ( tampoco tan grande por cierto ), bajo la forma de unas flores. Farola y flores, flores en una farola....vaya....La atención del lector se agudiza, pero, por tratarse de un vocablo muy típico también del mundo haiku, la cosa, a pesar de lo inquietante de la combinación, no se sale de lo común, ya que la sorpresa, como dijimos, y sobre todo, la sorpresa atenuada, es inherente al género. Asimismo, habra que mencionar aquí de que la misma preposición ¨en ¨no nos permite hacernos una idea clara de dónde exactamente se encuentran las flores.

La conciencia de que nos hemos enfrentado a algo totalmente nuevo nos invade repentinamente al llegar el ojo al final de la segunda línea, donde resulta que las flores no son naturales, sino de plástico. ¿ Flores de plástico? Es muy difícil darse cuenta, a primera vista, a excepción de que hayamos mantenido los sentidos bien abiertos desde el primer instante, de que se trata de las flores que marcan un lugar donde alguen ha perdido la vida en un accidente de tráfico. Y en la conciencia de repente se abre un vacío pavoroso: la mente empieza a patinar buscando el sentido oculto tras esas flores de plástico atadas a una farola, pero la agilidad necesaria para ello había sido sacrificada el mismo instante en que, al encontrarse con una imagen común, habíamos renunciado del deber de estar siempre en alerta ante la realidad. Ahora quisiéramos volver hacia atrás y replantear la percepción, pero es demasiado tarde. La inercia nos ha llevado demasiado lejos para poder volver: ya no hay donde apoyarse. Y si de alguna forma habíamops dejado pendiente el significado de unas flores supuestamente naturales ¨ en una farola ¨, ahora, al conocer de que son de plástico, el enigma, en vez de acalarse, se hace aún más denso: nos damos cuenta de que hemos llegado a algo absolutamente insólito. Pero ya es tarde para reaccionar. Sin esperárselo siquiera y sin poderlo evitar, el lector queda suspendido en el vacío, con una farola al lado en la que ya no se puede apoyar y con un ramillete de flores de plástico con el que no sabe qué hacer. Ahora sí que está bien preparadito para recibir la paga de su comodidad y aburguesamiento, colgando indefenso en el aire, sin apoyos, pataleando a todos lados, esperando sentencia.... Y la sentencia viene en la tercera línea, suave y dura a la vez...sí, sí, aquí no hay ninguna exclusión mutua. Suave, porque las flores son descoloridas, es decir, aparentemente no tienen ni la fuerza suficiente para dar el golpe de gracia merecido. ¿ Quíen teme a un puñado de flores descoloridas, y encima , de plástico? Unas flores, señores, símplemente unas florecillas descoloridas que llevan allí no se sabe cuanto tiempo ya. Unas flores... en la farola, las flores de plástico descoloridas. Y entonces, como una ola gigante de millones de toneladas, irrumpe la revelación en una consciencia abierta por el enigma: el pobre e indefenso lector se da cuenta de qué realmete se trata y encaja, con todo su despiadado peso, el enorme golpe del dolor contenido en las modestas florecillas atadas a aquella farola, que nadie más que Eva ha visto en años, a pesar de estar allí bajo sol y lluvia: y que nosotros también tantísimas veces hemos pasado de largo. Pero en todo ese tiempo allí ha habido alguen predestinado para ver: y en su debido momento las ha visto y les ha otorgado, ó mejor dicho, ha rescatado para ellas, toda la dignidad del dolor del que han sido testigos y del que ahora son los silenciosos representantes.

Y a partir de ese momento, ya no hay lector. Se acabó con el lector al que le encantan las ingeniosas figuras de espada al estilo samurai, contmepladas desde un sillón estilo Ludovico XIV. Simplemetne, ya no puede haber un lector, porque ese lector razonador, muy equilibrado, refinado y, perdónaseme la expresión, nirvanado murió sepultado bajo los escombros de su presunción. Sólo quedó el otro, el que cada uno de nosotros lleva dentro, bien tapadito bajo capas y capas de hormigón criminal, al que mantenemos cerrado con poca luz y alimento, sólo de vez en cuando permitiéndole ver un destello para sin demora meterlo otra vez en su zulo. Un ¨yo¨ que mantenemos a salvo de los demás a excepción de mamá, quizá de un sacerdote ó algún amigo íntimo por allí. Es el ¨yo ¨del dolor. Es el ¨yo ¨ del dolor. Del dolor... El yo que, desde muy pequeño, tuvo que sentir los golpes del insulto, de esperanzas rotas, de separaciones, de traiciones y pérdidas. El que, poco a poco, con cada nuevo golpe, ha ido buscando sus medios de supervivencia y de autoprotección y que para ello ha tenido que ir sacrificando inmensos territorios de sensibilidad, símplemente para poder seguir existiendo y no morirse ó enloquecer de tanto dolor. Ese ¨yo ¨ débil, indefenso, que, bajo la coraza aparentemente impenetrable, siempre seguirá buscando amor, paz, cariño y comprensión. Pero aún así, el único ´ yo ´ que podemos con toda certeza llamar nuestro, el único verdadero; y precísamente por ello, el único, en fin, desde el cual puede iniciarse el proceso de curación de las heridas, de perdón, de reconciliación con la vida, de pacificación.

Y, sin darse cuenta siquiera, el lector queda transformado por el dolor, por su propio dolor, que estas tres modestas líneas han sacado a flote, dinamitando la coraza protectora que había crecido alrededor de su corazón.

¿ La vida de quién se cortó inesperadamente al pie de aquella farola? Fue un jóven, de los que corren por la famosa ¨ruta del bacaláo ¨ en estúpida búsqueda del éxtasis de echar por la borda una vida a la que no ven más sentido que el de ser despreciada? ¿ O fué algún pensionista que caminaba tranquilamente por la acera, como tantas veces antes, volviéndo del mercadillo con su modesta bolsa de alimentos, lleno de recuerdos que se apresuraba a contar a a sus nietos? .....No quiero seguir con las suposiciones. No conocemos detalles, pero sí sabemos, y sabemos porque las florecillas de plástico nos lo cuentan en su lenguaje callado, que allí fue donde quedó inmóvil, inmolado para siempre un cuerpo que Dios había pensado desde la eternidad. Allí fue el lugar donde nació un dolor, como si en esta vida nunca hubiese el dolor suficiente. Pero en aquel mismo instante nació algo más, y es el germen de una experanza que sólo el dolor puede gestar. Un dolor que había nacido por algo y para algo, aunque no sabemos exáctamente ni por qué, ni para qué.

Y, una vez más, ese dolor nos enfrenta despiadadamente al misterio, el misterio de la muerte y del sufrimiento en la vida a los cuales, por no poder entender, y por no poder sobrellevar, a menudo declaramos absurdos y a destiempo.

¡Ay las flores, las flores del adios! ¡ Las flores del dolor !

Unas flores de plástico...Hemos inventado materiales que pueden imitar las flores en casi todo, y sobre todo, superarlas en durabilidad. ¡ Qué ironía ! Compramos flores de plástico símplemente porque no podemos cumplir con el compromiso que supone tenerlas de verdad durante mucho tiempo. O es una vez más el impulso subconsciente de afirmar ciégamente, contra viento y marea, la ilusión de eternidad sobre la tierra, de negarse a ver, una y otra vez, lo breve de la vida de una flor, y, por ende, de nuestra propia vida? ¿ De alguna forma, a través del plástico, protestar contra lo efímero, contra lo ocurrido ?.... Tampoco lo sabremos. El caso es que estas flores están allí y ciértamente seguirán estando alli durante mucho tiempo más, mucho más quizá después que el colocó allí se haya marchado de este mundo.

Un dolor. El dolor de alguien quien ha perdido a un ser querido. El dolor desconocido, de las milésimas de segundo antes de la muerte. Un dolor lejano, un dolor ajeno. Un dolor olvidado por todos quizá, a excepción de un corazón que lo llevaría a la tumba. Un dolor que ha llevado a la desesperacion, ó se ha transformado en esperanza.



Y de aquello quedan solo unas florecillas descoloridas, eternamente marchitas, atadas a una farola.



Y nosotros allí, callados.








Konstantin Dimitrov
Última edición por Konstantin Dimitrov el 23/Abr/2007 08:15, editado 30 veces en total.

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Maramín
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Fenomenal

Mensaje por Maramín » 13/Abr/2007 09:52

Fenomenal, no sólo el haiku en sí, sino la forma en que este lector ha extraido hasta la última gota de su esencia al incorporarlo de forma tan rotunda a la impresión que le ha causado, dándonos además una muestra de gran sensibilidad poética y narrativa.

Mis felicitaciones, Konstantin, si en otras ocasiones no he estado de acuerdo con lo que decías, en esta sólo puedo aplaudir de corazón.

Maramín

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Konstantin Dimitrov
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Mensaje por Konstantin Dimitrov » 13/Abr/2007 14:08

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Gracias, Maramín; si hay algún mérito, no es mío.


Lo importante es vivir con, tras, en el corazón. Seguro que Eva ( en hebreo, vida ) vive así, porque estas cosas no te las ve cualquiera.



Un saludo,


Konstantin






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