Visten la tierra

Preguntas y discusiones sobre haikus concretos o sobre la teorí­a del haiku en general
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Yama
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Visten la tierra

Mensaje por Yama » 02/Feb/2009 07:37

En medio de un debate de primeros espadas, aqui un aficionado carraspea desde el fondo de la sala.
Humildemente me entraron ganas de participar de tan fructifero debate, pero como no puedo entrar en haikus. Lo que escribí medio dormido la otra noche, lo pongo aquí y perdonen pero mi estilo es más fuerte que yo:

-Menudo cuento.

No desprecio la teoría pero… modestamente a esto prefiero llamarlo torpes reflexiones.
Se trata de un «mega acto de habla perlocutivo ». Que no se lo que significa pero sirve para dar el pego. Ensayito que mezcla discrecionales conclusiones con verdades a medias.

Los cazadores se desplegaban escondidos entre las rocas durante la batida. Uno de ellos emitió una especie de gruñido alertando a los demás de la presencia de la bestia. Lanzó un grito y todos al unísono se lanzaron gritando y blandiendo sus lanzas contra el mamut. La bestia, acorralada y herida, embistió llevándose por delante a dos hombres antes de morir.

Dramática y breve historia de cuatro renglones, escamotea mucha información, pero una sola palabra, bien elegida, da más información que la que podemos imaginar, “mamut”; si no apareciese, esto podría haber ocurrido ayer. El lenguaje nos permite manipular la realidad de muchas maneras. Sin embargo lo que ese cazador hace, “una especie de gruñido” y “un grito” son auténticos, son el principio del lenguaje, útil, crudo, primitivo y verdadero. Ese grito y ese gruñido son la herramienta que el hombre creo para dar un salto en su evolución, más valioso que el dominio del fuego o el invento de la rueda. Porque el lenguaje es el pensamiento y el que domine tu lenguaje te hará pensar como él quiera.

Esa noche la tribu reunida junto al fuego, después de haber saboreado los filetes de la bestia y haber llorando a los muertos, el cazador del gruñido les cuenta lo que ocurrió ese día. Les dice que él, fue el primero en enfrentarse a la bestia con su lanza y no tuvo miedo frente a esa montaña que se le venia encima. Todo ello, acompañado de los gestos de una mano levantada y con la otra blandiendo una supuesta lanza; mirando hacia el cielo con mirada seria y firme. Todo iba de maravilla hasta que de pronto en la última fila del grupo, un delgaducho chaval que no se había tomado todos los biberones de las metáforas, suelta junto a un eructo – ¡Menudo cuento!
Todos giran la cabeza y lo miran, el debilucho de la última fila se tapa la boca con la mano, no por educado, sino porque ejecuta la primera autocensura de la prehistoria y piensa, con palabras, sin decirlo. -¿En que quedamos era un mamut o era una montaña? Todos giran las cabezas hacia el cazador que se ha quedado congelado, mirando el cielo. El cazador, hábil manipulador del lenguaje, rápidamente inventa las palabras perfectas que le permitan justificarse ante la acusación de mentiroso, una de las joyas del lenguaje hablado. Las palabras “como si” y a partir de ese momento todo es como… ya las cosas no son lo que son, sino que son como si… yo no miento, te ayudo a que comprendas lo que estoy diciendo. Te describo una cosa que no conoces con una cosa que si conoces. -¡Menudo cuento! Perdón, se me ha escapado.

¿Y porqué el cazador hace esto? Por dos razones, la primera para inflar su ego, incluso él se lo cree y la segunda y más importante para dominar, por el poder. Te tiene que convencer de que lo que él dice es lo que tú piensas. Y a partir de ese momento tú serás su siervo. El lenguaje domestica el pensamiento. Has dejado de ser salvaje como el debilucho.

Yo (que bien suena el yo por delante) a ratos, escribo algunos cuentos y con ellos me inflo como un pavo real, alimento mi ego e incluso me creo lo que escribo. Me encantan los cuentos, tan fundamentalistas, con un solo brillo con una sola verdad absoluta y manipuladora. Me siento capaz de darle clases a Narciso.

Pero hay momentos que me rebelo y quiero ser emisor salvaje, quiero ser un ciego describiendo los colores y entonces intento escribir un haiku, algunas veces, voy a él, salgo de cacería, otras tropiezo con él, la mayoría de las veces paso a su lado y ni me entero. Porqué el haiku me obliga a utilizar ese lenguaje primitivo como el gruñido o el grito, sin domesticar; para señalar a los demás que ahí esta la bestia, que miren, oigan, olfateen, toquen o gusten de esa verdad. De forma breve, para que no pueda desarrollar ideas. Ahora, no en el pasado que sería una historia, ni en el futuro, que seria ficción. Encontrando la palabra precisa, univoca, depuradamente cruda, sin adornos ni celofán. Los sentidos a flor de piel, con emociones pero sin sentimentalismos, sorprendido ante la sorpresa de que una flor sea una mariposa. Y desnudo, con nocturnidad y alevosía asesino al yo protagonista, participo dando testimonio. Sencillo pero no simple. Exhibiendo en un esbozo la existencia de la naturaleza, incluida la humana, como parte de ella. Cuando lo consigo o leo uno que me conmueve, reconozco a través de lo verídico la verdad, no experimento una vivencia estética ni mística, sólo dejo de ser vasallo para ser libre, un salvaje sin domesticar. Por eso también me gustan los haiku.

Esta es la manera en la que les explico a mis amigos, que nunca han oído hablar de lo que es un haiku. Y me preguntan que como me puede gustar eso. De esa manera consigo que lastimosamente me escuchen. Jamás digo “es un poemita breve de 5-7-5”…

Aquí, esta noche junto al fuego suelto estas torpes reflexiones, que me permiten sintetizar y analizar una práctica y después volver a ella de forma más conciente. En ese sentido defiendo la participación de todos, cada uno con su modo y manera, contar lo que pensamos sin miedo a decir lo que otros ya dijeron probablemente mejor. Y ojo, el silencio también es como mínimo una opinión, otro modo de estar. Puede que en ese batiburrillo esté tu verdad y la mía.
Todo escrito sesudo que se precie tiene que ir acompañado de una cita, no tengo ni pajorera idea de quien es y ni si es exactamente así, pero ahí queda. Como dijo… ¿?

“…y el hombre; a los que no pudo domesticar, les llamó animales salvajes.”

Esperando que siempre haya alguien que me diga: -¡Menudo cuento!
saludos de Yama.
Saludos de Yama.
"No saber sabiendo, toda ciencia trascendiendo". San Juan de la Cruz.-

Jorge Moreno Bulbarela
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Mensaje por Jorge Moreno Bulbarela » 04/Feb/2009 18:54

Hola Yama, pues a veces, una fábula nos ayuda a ver lo que en el calor de los debates tal vez se oscurece.

"menudo cuento"
pero no la faena
del novillero

Saludos de Jorge
Si miro con cuidado la nazuna florece junto al seto Bashoo

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