Enero 2007

Haikus destacados por los participantes del foro
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Mavi
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Enero 2007

Mensaje por Mavi » 05/Feb/2007 19:03

De todos los haikus leídos en enero, hay uno que ha llegado a resultarme fascinante. Está firmado por Rojo y dice así:

Sombra de almendros
El brillo de la luna
entre las ramas


Aunque a primera vista parece un haiku más sobre luna y ramas, en sucesivas lecturas se vuelve magnífico. No sería extraño -ni un demérito para el autor y su obra- que el poeta, queriendo hacer un encuadre de la luna en los almendros, haya terminado enfocando distraídamente a sus pies. En cualquier caso, el resultado es que ha tomado una fotografía del suelo (“sombra de almendros”), hacia donde el lector es invitado a mirar; y es ahí, en la tierra, donde la luna proyecta su luminosidad entre las sombras densas de las ramas. Voluntariamente o no, éste es el haiku; y si no lo vimos al principio fue porque nuestros prejuicios sobre lunas y ramas nos lo impidieron.

También Palmira nos propone en el próximo haiku que miremos hacia abajo, descansemos de nuestro agotador “punto de vista” adulto y observemos un rato los pies de los transeúntes. Antes o después descubriremos relaciones, ritmos, felices coincidencias:

Al mismo paso
las zapatillas negras
de dos ancianas


El siguiente haiku de I. L. Balan es casi un milagro:

Plaza vacía
Han quitado
las luces de Navidad


Y cuando un haiku está tan bien hecho con elementos que “brillan por su ausencia”, quizá lo mejor sea repetirlo comentando: En una plaza (que ya no está concurrida), (unos operarios, que ya están fuera de escena) han quitado las luces (que ya no brillan) de Navidad (el tiempo de fiesta que ha acabado).

De Luis Carril, derrocha gracia natural esta propuesta:

Las chimeneas,
porque si no la aldea
ni se vería.


Tiene tanto desparpajo que produce la misma impresión de espontaneidad lectura tras lectura.

De José Luis Vicent, destaca esta vez otro haiku sobrio y sólidamente construido, cualidades distintivas de lo mejor de su producción:

Crece el verdín
en los viejos remolques
La tierra yerma


También de José Luis, éste que resulta inquietante:

Un cielo oscuro,
y el vuelo precipitado
de una paloma


No lo es menos este otro de Eva Comas:

estatua sin cabeza
en su cuello aletea
una paloma


El siguiente haiku de Nanook hace pensar inmediatamente en la mirada de Buson, pues muestra la agudeza de quien trae a la superficie -como para pintarla- la urdimbre íntima de la realidad:

Vuela cortando
las líneas del sembrado
esa perdiz


En el apartado de “Tercetos”, destaca la rápida evolución de las propuestas de Orzas. Quizá la mejor -aunque dudando entre varias- sea ésta:

Cima del monte,
los cercados del valle
entre las nubes


A pesar de que está sin pulir (y del uso más que dudoso del verbo “agrupar”), el siguiente terceto de Gustavo Scarone tiene cierto “sabor a haiku”:

Dentro del árbol
se agrupó la niebla
Ahora llueve


Algunas propuestas de Viento parecen provenir de una serena y provechosa contemplación. Resulta especialmente hermoso por su ausencia de pretensiones este haiku:

De vez en cuando
se mueven las ramas
del naranjo seco


Como también le ocurre a este otro, firmado por María:

Calles estrechas,
la colada tendida
en los balcones.


Huele a humedad y a detergente, a calleja donde nunca entra el sol; pero, sobre todo, rebosa humanidad.

Y, para cerrar esta selección, midamos el viento al estilo de Barbarroja:

Viento calmo
lo justo para turbar
una espiguilla


Tanto da que esa espiguilla esté en un páramo o entre 60 hectáreas de trigo. En medio de la nada o de la inmensidad, lo que importa es la precisión; y no hay instrumento de medida tan bien calibrado como el corazón de un haijin. Esta vez es una brisa casi inexistente, apenas lo justo de real como para sacar a una espiguilla de su quietud... Como para que Barbarroja lo perciba... Como para que -con esa forma casi inadvertida de “brotar desde la inexistencia”- nos deje temblando ante el misterio de su aparición.

Gracias a todos por vuestras aportaciones del mes del enero.

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